LEYENDA

LEYENDA
Verdad es que los atardeceres de verano, vistos desde la plaza Ciudad de Banff, tienen un extraño color que va desde un rosa furioso al violeta más profundo que podamos imaginar. Verdad es que los bancos en esa plaza han visto muchas parejas de enamorados mirándose a los ojos y compartiendo un helado. Verdad es que los tilos, las damas de noche y los jazmines florecen todos los años. Verdad es que, en esas noches de verano, cuando el ocaso es violeta y los enamorados se miran a los ojos, las Brujas de Versalles salen a cantar entre los miles de árboles del barrio y todo se inunda de un perfume a tilo, a dama de noche, a jazmín. Verdad es que quien escuchó cantar a estas Brujas no puede abandonar el barrio, se va tal vez, pero siempre vuelve. Verdad es que nadie las vio. Verdad es que yo soy una de los muchos que las escuchamos.

EMBLEMA DEL BARRIO

EMBLEMA DEL BARRIO
EMBLEMA DEL BARRIO: Lo encontramos en: Arregui y Peralta y en la plaza Ciudad de Banff

martes, noviembre 16, 2010

CUENTO DE VERSALLES, ESCRITO EN VERSALLES, POR UNA VECINA DE VERSALLES.

RECUERDOS

Fui la claraboya del viejo mercado.

Hace muchos años lo construyeron. Fue el centro comercial del barrio.

Era lugar de encuentro de los vecinos mientras hacían las compras y aprovechaban los momentos de espera para conversar con amigos.

Desde lo alto fui testigo mudo de todo lo que pasaba en el mercado.

Sabía que comerciantes trabajaban en él. Quien compraba, quien vendía o alquilaba alguno de los puestos. A lo largo de los tiempos los fui conociendo a todos. Sabía de todas las mercancías que en él se ofrecían.

Desde mi lugar de privilegio vi todo lo que acontecía allí abajo; lo bueno, lo malo, lo triste, lo alegre.

Supe de alegrías y sinsabores, de crisis y de épocas de holgura económica, de fiestas y tristezas de cuantos pasaron por él.

Conocí mucho de la vida de los clientes que cambiaron con el transcurrir de los años. Puedo afirmar que hasta supe de los nietos de algunos.

Escuché conversaciones de todo tipo, también presencié discusiones y hasta peleas.

Fue decayendo cuando proliferaron los supermercados, y vaciándose poco a poco de puestos. Ya no era rentable.

Hasta que decidieron demolerlo.

A los viejos vecinos, en especial a los mayores, les costó mucho asistir a su desaparición, decidieron conservar por lo menos algo de él.

Hoy estoy en la plaza cercana. Soy el único pedazo del viejo mercado que no murió gracias a la decisión y el tesón de algunos de los viejos clientes.


LIDIA GUGLIELMOTTI

4/11/10

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